Desde que te diagnostican un cáncer, supongo que en algunos casos más que en otros, en la cabeza caben muchas reflexiones. A veces piensas en causas, en si hubiera..., piensas en tu vida pasada o en tu vida futura, piensas en cómo te va afectando tu nueva situación y piensas, mucho, en cómo afecta y cómo puede afectar a tu familia, tus amigos y, sobre todo, a tu pareja.
Y, sinceramente, no me gustaría estar en el lugar de Carlos. Lo he pensado tantas veces, tiene que ser tan difícil estar ahí, ver cómo la persona a la que quieres se deteriora, cómo aguanta mil y una pruebas, mil y un tratamientos, mil y un efectos secundarios que en realidad no sabes cómo ni cuánto le afectan, estar ahí, apoyando, sonriendo, riendo, hacer de chófer una y otra vez, aguantar esperas y más esperas... no, definitivamente yo no podría.
Estoy absolutamente convencida de que llevaría muchísimo peor el papel de compañante que el de enferma, llevaría muchísimo peor ver sufrir que aguantar todas estas circunstancias que, en la mayor parte de los casos, no han pasado de ser un cúmulo de molestias. Sufriría muchísimo más.
Si por algo desearía no tener este cáncer es por ahorrar el sufrimiento a las personas que me quieren.
lunes, 5 de mayo de 2014
domingo, 4 de mayo de 2014
Como una Nancy
En esta época de muñecas deformes, anoréxicas, sin cuerpo, sin cintura, con piernas y brazos extralargos y modelos de belleza indeseables, en tiempos de Winx y Monster Highs, las cuarentonas volvemos la vista atrás y pensamos con nostalgia en nuestras Nancys, las Nancys precursoras de su versión actual pero tan distintas.
La ausencia de vello en algunas zonas de mi cuerpo pero sobre todo la evidente retención de líquidos en mis tobillos me hacen identificarme con esa muñeca rubia que aún conservo en mi desván.
El vello tengo que reconocer que no lo echo de menos, probablemente hasta lo echaré de más cuando vuelva, lo que no echaré de menos, si consigo librarme de ellos, que tengo mis dudas, son estos tobillos deformes tan ajenos a mi cuerpo.
De momento me confomaré con ser una Nancy cuarentona con cáncer de mama.
La ausencia de vello en algunas zonas de mi cuerpo pero sobre todo la evidente retención de líquidos en mis tobillos me hacen identificarme con esa muñeca rubia que aún conservo en mi desván.
El vello tengo que reconocer que no lo echo de menos, probablemente hasta lo echaré de más cuando vuelva, lo que no echaré de menos, si consigo librarme de ellos, que tengo mis dudas, son estos tobillos deformes tan ajenos a mi cuerpo.
De momento me confomaré con ser una Nancy cuarentona con cáncer de mama.
sábado, 3 de mayo de 2014
Mis dos historiales
En toda aventura "sin expectativas", incluso cuando no sabes qué va a pasar, qué vas a hacer, cómo van a ser las cosas, acabas haciendo un recuento de todas las cosas que pensabas que iban a ser distintas.
Y mis no expectativas van formando una larga y decepcionante lista.
La primera expectatva que se me vino abajo fue la de creer que una vez diagnósticado el cáncer todas la "actuaciones médicas" estaban bajo control. Fue llegar a mi primera resonancia magnética y no saber responder a si me podían pinchar en los dos brazos, la misma pregunta que me hizo la enfermera de oncología en el hospital de día. Fue descubrir que había cosas que yo no sabía y que ellas no parecían saber si no sabía yo. Primer golpe anímico. ¿Por qué mi historial no sirve para saber qué y cómo se deben hacer las cosas conmigo?, ¿por qué esas personas no conocen mi situación o no leen mi historial?, ¿por qué debo saber yo cosas que no me han explicado?, ¿por qué si me hacen una tac en Monforte ni siquiera saben qué tengo, qué tratamiento estoy recibiendo y dónde, y me hacen esperar toda la mañana bebiendo agua en un día en que los efectos secundarios deberían contraindicarlo?
Y esa primera expectativa llega a dar miedo cuando tus consultas oncológicas pasan de un hospital a otro y en cada uno de ellos tienes, además de distintos oncólogos cada cita y distintos sistemas de citas, pruebas y tratamientos, un número distinto de historial.
Y mis no expectativas van formando una larga y decepcionante lista.
La primera expectatva que se me vino abajo fue la de creer que una vez diagnósticado el cáncer todas la "actuaciones médicas" estaban bajo control. Fue llegar a mi primera resonancia magnética y no saber responder a si me podían pinchar en los dos brazos, la misma pregunta que me hizo la enfermera de oncología en el hospital de día. Fue descubrir que había cosas que yo no sabía y que ellas no parecían saber si no sabía yo. Primer golpe anímico. ¿Por qué mi historial no sirve para saber qué y cómo se deben hacer las cosas conmigo?, ¿por qué esas personas no conocen mi situación o no leen mi historial?, ¿por qué debo saber yo cosas que no me han explicado?, ¿por qué si me hacen una tac en Monforte ni siquiera saben qué tengo, qué tratamiento estoy recibiendo y dónde, y me hacen esperar toda la mañana bebiendo agua en un día en que los efectos secundarios deberían contraindicarlo?
Y esa primera expectativa llega a dar miedo cuando tus consultas oncológicas pasan de un hospital a otro y en cada uno de ellos tienes, además de distintos oncólogos cada cita y distintos sistemas de citas, pruebas y tratamientos, un número distinto de historial.
viernes, 2 de mayo de 2014
Música
Llevo unos días procupada por mi música.
Desde hace algún tiempo escucho poca música, me limito a escuchar algunas veces la anárquica selección que me permitió recuperar mi MP3 en Dublín y que incluye un disco de Abba y otro de Sabina pero sin ninguna selección racional ni emocional. Y eso en mí es un síntoma de abandono emocional.
Y debería solucionarlo, debería elegir un (gran) puñado de canciones que me ayuden a sentirme bien, a cantar o seguir el ritmo más o menos discretamente (como anteayer en mi sesión de quimioterapia), o directamente bailar en mi cocina como hacía tantas veces: Abba y Sabina, pero también Queen, Silvio Rodríguez, Los Fresones Rebeldes, ACDC, Pedro Guerra, Guns'n Roses, Oskorri, The Housemartins, Fairground Atraction, Serrat, Duncan Dhu, Patsy Cline... necesito mi música.
Necesito música, necesito cantar y necesito bailar, sé que me ayudaría a sentirme mucho mejor. Así que en este tiempo sin tiempo me debo un esfuerzo organizativo, en beneficio de todos.
Desde hace algún tiempo escucho poca música, me limito a escuchar algunas veces la anárquica selección que me permitió recuperar mi MP3 en Dublín y que incluye un disco de Abba y otro de Sabina pero sin ninguna selección racional ni emocional. Y eso en mí es un síntoma de abandono emocional.
Y debería solucionarlo, debería elegir un (gran) puñado de canciones que me ayuden a sentirme bien, a cantar o seguir el ritmo más o menos discretamente (como anteayer en mi sesión de quimioterapia), o directamente bailar en mi cocina como hacía tantas veces: Abba y Sabina, pero también Queen, Silvio Rodríguez, Los Fresones Rebeldes, ACDC, Pedro Guerra, Guns'n Roses, Oskorri, The Housemartins, Fairground Atraction, Serrat, Duncan Dhu, Patsy Cline... necesito mi música.
Necesito música, necesito cantar y necesito bailar, sé que me ayudaría a sentirme mucho mejor. Así que en este tiempo sin tiempo me debo un esfuerzo organizativo, en beneficio de todos.
jueves, 1 de mayo de 2014
Desplazamientos
Se supone que el séptimo ciclo de mi tratamiento de quimioterapia fue el último ciclo que recibí en Lugo. Con una especie de síndrome de Estocolmo me fui pensando que no me había despedido de las enfermeras del hospital de día.
Tras rellenar un formulario, fotocopiar mi carnet de identidad y mi tarjeta del Sergas, el carnet de identidad de Carlos y su tarjeta del Sergas, adjuntar un informe médico y un justificante de los ocho viajes a Lugo (incluido aquel en el que no me pusieron el tratamiento porque andaba baja de defensas) y un certificado del banco con el IBAN correspondiente; me encuentro a la espera de que, en algún incierto momento, me ingresen una incierta cantidad de dinero por los desplazamientos (los de los tratamientos, los de las pruebas corren enteramente a nuestra cuenta). Lo cierto es que no lo sabíamos y no lo esperábamos, y aunque la enfermera C. insista en que nos lo dijo, la información llegó por sorpresa en el último momento.
Parece ser que en este momento están ingresando las solicitudes de hace siete meses. Estamos bien entrenados para esperar. Esperamos.
Tras rellenar un formulario, fotocopiar mi carnet de identidad y mi tarjeta del Sergas, el carnet de identidad de Carlos y su tarjeta del Sergas, adjuntar un informe médico y un justificante de los ocho viajes a Lugo (incluido aquel en el que no me pusieron el tratamiento porque andaba baja de defensas) y un certificado del banco con el IBAN correspondiente; me encuentro a la espera de que, en algún incierto momento, me ingresen una incierta cantidad de dinero por los desplazamientos (los de los tratamientos, los de las pruebas corren enteramente a nuestra cuenta). Lo cierto es que no lo sabíamos y no lo esperábamos, y aunque la enfermera C. insista en que nos lo dijo, la información llegó por sorpresa en el último momento.
Parece ser que en este momento están ingresando las solicitudes de hace siete meses. Estamos bien entrenados para esperar. Esperamos.
miércoles, 30 de abril de 2014
No es lo mismo
Las comparaciones son odiosas, lo sé, pero también son inevitables.Y si comparas bien siempre hay pros y contras.
Pros de la quimioterapia en Lugo:
Yo me quedo en Monforte a pesar de todo. ¡Ah!, y el responsable del hospital de día se ha despedido de mí con un "adiós, pirula" ( :D )
¿Vosotros qué elegiríais?
Pros de la quimioterapia en Lugo:
- Sala de espera para consulta amplia, con sillas para todos a pesar de la gran catidad de gente.
- Sala de espera (y hospital en general) con grandes cristaleras por las que entra luz.
- Menor tiempo de espera para la consulta.
- Oncóloga/oncólogo de referencia.
- Sala de tratamientos bien equipada: sillas articuladas con mando, sábanas sobre las sillas, servicios de fácil acceso bien equipados, televisiones, sillas para sentarse los acompañantes, percheros para colgar la ropa de abrigo o los bolsos...
- Enfermeras experimentadas y ágiles.
- Buena cafetería.
- Viajar hasta Lugo (con la posibilidad de que no te puedan poner el tratamiento).
- Mayor tiempo de espera para el tratamiento.
- Necesidad de un acompañante que te recoja los medicamentos en la farmacia.
- Sala de tratamientos sin cobertura para móvil.
- No te ofrecen la comida del hospital.
- No tener que viajar hasta Lugo. Hospital a pocos minutos de casa incluso andando.
- Menor tiempo de espera para el tratamiento.
- Servicio de farmacia en la sala de tratamientos: te traen los medicamentos y si es necesario viene la encargada de la farmacia a explicarte como administrarlos.
- Te ofrecen una comida del hospital si sigues con el tratamiento a la hora de comer.
- Sala de espera para consulta diminuta, con espacio, sillas y oxígeno insuficiente a pesar de la relativamente poca cantidad de gente.
- Sala de espera (y hospital en general) con escasa luz y demasiada temperatura.
- Mayor tiempo de espera para la consulta.
- Oncóloga/oncólogo de turno.
- Sala de tratamientos con: sillas de skai reutilizadas de las que había en las habitaciones para los acompañantes y sin sábana, servicios de difícil acceso mal equipados, sin televisión, sin sillas ni prácticamente espacio para los acompañantes, sin percheros para colgar la ropa de abrigo o los bolsos...
- Enfermeras sin experiencia en quimioterapia.
- Cafetería poco apetecible.
Yo me quedo en Monforte a pesar de todo. ¡Ah!, y el responsable del hospital de día se ha despedido de mí con un "adiós, pirula" ( :D )
¿Vosotros qué elegiríais?
sábado, 26 de abril de 2014
De película
Si no fuera porque cuando te diagnostican un cáncer no estás para muchos chistes deberíamos preguntar eso de "¿cuánto tiempo me queda, doctor?". En las pelis a la gente que tiene cáncer le queda un mes... o un año de vida.
Mi cáncer no es de película, afortunadamente. Y aún así, desde que te diagnostican un cáncer te sorprendes una y otra vez preguntándote si volveras a... a celebrar la navidad, a sacar el balancín al jardín, a matricularte otro curso...
El ginecólogo te dice que vas a pasar un año jodido, parece ser el plazo mínimo para luchar contra un carcinoma sumando quimioterapia, cirugía y radioterapia. Después, en el mejor de los casos, cinco años de terapia hormonal. Parece ser que no hay prisa.
En las pelis la gente de repente cambia de vida y se pone a viajar, a reencontrar viejos amores y hacer las cosas que nunca hizo. Yo preparo comidas, meriendas y cenas, pongo lavadoras, obligo a hacer deberes, compro libretas, reglas y compases, arreglo mi jardín y voy a clases de inglés y de italiano. Daría para una película muy aburrida.
Mi cáncer no es de película, afortunadamente. Y aún así, desde que te diagnostican un cáncer te sorprendes una y otra vez preguntándote si volveras a... a celebrar la navidad, a sacar el balancín al jardín, a matricularte otro curso...
El ginecólogo te dice que vas a pasar un año jodido, parece ser el plazo mínimo para luchar contra un carcinoma sumando quimioterapia, cirugía y radioterapia. Después, en el mejor de los casos, cinco años de terapia hormonal. Parece ser que no hay prisa.
En las pelis la gente de repente cambia de vida y se pone a viajar, a reencontrar viejos amores y hacer las cosas que nunca hizo. Yo preparo comidas, meriendas y cenas, pongo lavadoras, obligo a hacer deberes, compro libretas, reglas y compases, arreglo mi jardín y voy a clases de inglés y de italiano. Daría para una película muy aburrida.
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