viernes, 7 de febrero de 2014

Inyecciones

Ya sabía yo que en esta aventura iba a aprender muchas cosas.

Y he aprendido a ponerme inyecciones, de las fáciles, las subcutáneas. La oncóloga me dijo que fuera al centro de salud a ponérmelas, la farmaceútica recomendó que me las pusiera en casa antes de acostarme (ponérmela yo o otra persona).

Con algo de desconfianza pero con la resolución de ponérmelas yo, pedí a una vecina enfermera que viniera a supervisarme y, por más que insistió en ponérmela ella, me la puse yo. Porque lo más probable es que esté sola (con los niños) cuando me toque ponerlas y porque como estas se ponen otras muchas... heparina, por ejemplo.

Y puestos a tirar de refranero... el saber no ocupa lugar.

jueves, 6 de febrero de 2014

Cáncer y adolescencia

No es fácil tener cáncer y un hijo adolescente. Supongo que tampoco será fácil ser adolescente y tener una madre con cáncer.

Mi hijo de 13 años suspendió cinco asignaturas en la primera evaluación, eso supone que hay que hacer algunos cambios en normas y rutinas. Tras sendas charlas con la orientadora del instituto y la tutora todo parece apuntar a que (me) toca "domesticarlo". Pero yo no quiero.

Y la verdad es que no sé si pretendo usar el cáncer de excusa ante mí misma para no enfrentarme a algo que sé que hay que hacer desde hace mucho tiempo y que supone un gran desgaste emocional para mí. Me viene a la cabeza esa frase que te repiten los médicos y enfermeras desde el momento en que te diagnostican un cáncer: "ahora lo importante eres tú"

Me gustaría ser lo importante para mi hijo, que hiciera un mínimo esfuerzo para que yo me sienta menos mal, para que no tenga que repetirle cada día las mismas cien mil cosas, para ahorrarme esos pequeños trabajos (como tirar de la cadena cada vez que él va al váter) que tanto me desgastan... un mínimo esfuerzo, supongo que es pedir demasiado.

No sé cómo enfrentarme a esos 13 años, no tengo ni fuerza, ni ganas.


miércoles, 5 de febrero de 2014

Ensayos (I)

A veces tengo la sensación de haber estado preparándome toda la vida para este cáncer.

Sin un diagnóstico formal, durante toda mi vida he vivido lo que yo identifico como ataques de ansiedad, episodios de vómitos nocturnos unas horas después de acostarme, acompañados de sudores, temblores y grandes dosis de angustia. Con los años, sin llegar a controlarlo, he aprendido a sobrellevarlo con una mezcla de racionalización y control de la respiración.
 
Después del segundo ciclo de quimio tuve una pequeña "crisis" de nausea, a la conocida sensación de angustia se le sumó la incertidumbre de no saber cuánto iba a durar (el alivio que sentí al despertarme poco después viendo que sí que podía dormirme y que me encontraba bien con solo dormir no tiene precio).

El el cuarto ciclo mi "crisis" ha sido un par de horas después de dormirme y de nuevo he agradecido las "destrezas adquiridas": el mínimo control mental racionalizando la situación, el mínimo control físico conseguido controlando la respiración o emitiendo algo parecido a melodías guturales, el ritual tranquilizador de adormecerme arrodillada en el suelo apoyada sobre el váter, la capacidad de dormirme con una luz encendida y prácticamente sentada para evitar reflujos y otros malos rollos gástricos...

Después de años maldiciendo mis "ataques de ansiedad" vuelve a llegar el momento de tirar de refranero y decir eso de "no hay mal que por bien no venga". La vida es una cachonda.

martes, 4 de febrero de 2014

Tranquilidad y buenos alimentos

Ahora puedo confesar mi escepticismo: no acabé de creerme que el aumento de mis defensas fuera solo cuestión de tiempo.

Supongo que influye el hecho de que cada persona te dé un bienintencionado consejo dietético para tener las defensas a punto (que sumados pueden aportar a tu vida o bien una dieta más o menos completa o, en el peor de los casos, un toque de realismo mágico).

Supongo que influyen las preguntas propias o ajenas sobre si no me han dado nada para recuperarlas o si cuatro días son suficientes.

Y con mi carga de confianza escéptica a cuestas he comprobado que sin hacer nada especial mis defensas han pasado de 900 (por debajo de 1500 no te ponen la quimio) a 3800.

Parece ser que el método es el siempre repetido por mi madre: "tranquilidad y buenos alimentos".

(En cualquier caso, para evitar más retrasos en la quimio, esta vez vengo armada con tres inyecciones para espabilar mi médula.)

sábado, 1 de febrero de 2014

Indefensa

Dicen que no hay mal que por bien no venga, que es otra lectura de lo que en este blog vengo llamando oportunidades.

El jueves llegué al hospital con todos mis deberes hechos: la resonancia hepática, la analítica previa a la quimio, los niños en el cole... y esperé leyendo pacientemente mi turno en oncología. Pero no pudo ser, parece ser que mis defensas están un poco diezmadas y no pude recibir mi dosis de veneno. ¿Me dieron algo para recuperar las defensas?... sí... tiempo, tengo que volver el lunes.

Pero, a pesar de que no recibí la noticia demasiado bien (porque no me gustan los cambios de planes, porque preferiría no tener retrasos en el tratamiento, porque hicimos un viaje de ida y vuelta a Lugo para nada...), llevaba de su mano otra de esas oportunidades.

La noche del viernes Carlos y yo con otros cuatro amigos, teníamos reservada plaza en una "jornada gastrosexológica". Cuando nos lo propusieron yo no tenía muy claro cómo iba a estar después de la sesión de quimio del jueves, pensaba que iba a estar lo suficientemente bien para ir y cenar pero sospechaba que no lo suficientemente bien para disfrutarlo, aún así, decidimos apuntarnos.

Ayer disfruté al 100% de una velada curiosa, entretenida y divertida, en buena compañía, gracias al pequeño aplazamiento de mi dosis de veneno. Sólo queda esperar que el lunes mis defensas estén tan dispuestas como yo.


miércoles, 29 de enero de 2014

Sospechosos

Tenemos un nuevo sospechoso, el hígado, no es muy sospechoso pero tiene que demostrar su inocencia.

La segunda resonancia es menos molesta que la primera, supongo que es porque ya conoces el procedimiento, sabes qué esperar. La resonancia del hígado incluye un cable helicoidal en la cintura y una pieza rectangular sobre el abdomen, ¡ah! y se hace boca arriba, más cómodo pero un poco más claustrofóbico, nada que no se solucione cerrando los ojos. Incluye unas fases en las que el ruido se acompaña de una curiosa vibración (que es posible que también existiera en mi primera resonancia pero que no recuerdo) y una innovación consistente en expulsar el aire de los pulmones y contener la respiración durante 15 segundos. Nada más, el resto como siempre, esperar.

Esperemos que nuestro sospechoso haya demostrado su inocencia.

domingo, 26 de enero de 2014

Oportunidades (III)

La vida está llena de oportunidades.

Una oportunidad cuando no te queda casi ningún pelo en la cabeza es darte el gusto de afeitartela.

Probablemente, con una probabilidad de un 99,99% (que estoy muy loca), si la quimio no me hiciera perder el pelo nunca me hubiera afeitado la cabeza.

Es curioso que entre las reacciones de la gente que me ha visto sin pelo, y que no sabía de mi enfermedad, haya gente que pensó que me había afeitado la cabeza voluntariamente por alguna excentricidad: hay quien me dijo que si era para estar como Carlos, hay quien me dijo que qué atrevida soy... pero no, lo más seguro es que nunca me hubiera afeitado.

Afeitarse la cabeza da mucho gusto y queda muy suave.